J'Accuse, miércoles 5 de agosto de 2026: Marruecos y Argelia: Los molinos de viento del Magreb
La metáfora de los molinos de viento del gran escritor español Miguel de Cervantes
Seamos claros: el mapa del norte de África se asemeja al guion de una telenovela geopolítica que se ha estado desarrollando durante más de un siglo. ¿Los protagonistas absolutos? Marruecos y Argelia. Dos vecinos condenados a mirarse con recelo, inmersos en una rivalidad épica que, al examinarla con detenimiento, recuerda extrañamente a la famosa lucha de Don Quijote contra los molinos de viento. Un despliegue colosal de energía, recursos y diplomacia para luchar contra gigantes imaginarios, cuyo único resultado concreto es... el vacío. Una frontera fortificada, cerrada desde 1994, donde ambos países prefieren ignorarse antes que colaborar.
Pero, ¿cómo llegamos a semejante obra maestra de la inacción?
El comienzo: Cuando Europa marcó la pauta
Para comprender este caos, debemos remontarnos a 1906. Imaginemos la escena: la Conferencia de Algeciras. Las principales potencias europeas, encabezadas por Francia y España, se reúnen para decidir cómo se repartirán Marruecos. Sobre el papel, afirman querer "preservar la soberanía del sultán", pero en realidad, están sentando las bases del protectorado.
Sin embargo, la verdadera genialidad colonial reside en la elaboración de los mapas. Las fronteras se trazan de forma arbitraria, amputando territorios históricos de Marruecos para entregárselos a Argelia (que, en aquel entonces, se consideraba territorio francés de pleno derecho). ¿El resultado? Cuando Marruecos y Argelia finalmente se independizan, se encuentran con una bomba de relojería geopolítica en sus manos, hecha de tierra y resentimiento. Sáhara Occidental: El molino de viento favorito
La verdadera y quijotesca confrontación estalló en 1975 cuando España se retiró del Sáhara Occidental. Marruecos declaró el territorio como propio y lanzó la Marcha Verde. Argelia, incapaz de permanecer impasible ante la expansión de su vecino, se autoproclamó protectora del Frente Polisario, el movimiento que exigía la independencia del Sáhara.
Desde entonces, ha sido un ataque implacable y sin cuartel. Marruecos controla ahora el 80% de este desierto y lo considera suyo. Argelia gasta enormes sumas armando al Polisario en los campos de refugiados de Tinduf y exige un referéndum que jamás se materializará. Mientras tanto, en 2021, Argel incluso rompió relaciones diplomáticas. Una muestra de orgullo que no lleva a ninguna parte, salvo a frenar el desarrollo de toda la región. Dos gigantes jugando sucio entre sí mientras el resto del mundo avanza. Ceuta y el vals migratorio: Cuando Rabat usa la presión como arma. En este drama, España también entra en escena de vez en cuando, esta antigua potencia colonial a menudo atrapada entre los dos rivales como un árbitro distraído. Y Marruecos, para que Madrid entienda con quién debe aliarse, ha aprendido a usar una diplomacia que es... digamos, "espectacular y perjudicial". Tomemos como ejemplo los enclaves españoles de Ceuta y Melilla. Cuando Madrid se muestra demasiado amigable con Argelia o recibe al líder del Polisario en el hospital, los sistemas de vigilancia fronteriza de Rabat "fallan mágicamente". En cuestión de horas, miles de migrantes se encuentran cruzando la frontera entre Marruecos y España. No se trata de una crisis humanitaria accidental; es una llamada de atención geopolítica. Y al final, funciona: Madrid, para evitar gestionar el caos, cede y declara que el plan marroquí para el Sáhara es "el más creíble". No importa si Argelia se enfada y amenaza con cortar el suministro de gas.
Conclusión: Un llamado a la razón
Entre el legado de Algeciras y los dramas políticos actuales, Marruecos y Argelia continúan su duelo personal. Dos excelentes vecinos que prefieren gastar miles de millones en armamento y mezquinas disputas diplomáticas en lugar de reabrir la frontera y crear un mercado común. Don Quijote, en el fondo, estaría orgulloso de ellos: la lucha contra molinos de viento nunca termina.
Sin embargo, ante este patriotismo ciego que fomenta la división en lugar de la unidad, las palabras de Victor Hugo resuenan como una trágica advertencia para estas dos naciones hermanas:
«Se puede beber de las fuentes, rezar arrodillado en la sombra,
amar, soñar bajo los robles; matar al hermano es más dulce». «Mientras los dos gigantes del Magreb prefieran la agridulce discordia a la fuerza de la fraternidad, el gran sueño de un norte de África unido seguirá siendo una mera ilusión literaria».

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